Esta tarde me he indignado un poco viendo la película "Ma part du gâteau", de Cédric Klapsich.Que pensaba que iba a estar bien, porque la anterior que había visto de este señor me dejó bastante buen sabor de boca (París, 2008). Pero ésta me ha defraudado con creces.
Pretende ser una comedia divertida e inteligente, como he leído en algunos sitios, pero me deja profundamente preocupada por las figuras de hombres y de mujeres que se reflejan en la historia.
El corredor de bolsa/hombre de negocios duro e implacable que interpreta este actor de mentón rotundo me ha dejado helada (y al mismo tiempo me suena a rancio de tanta veces visto). No es creíble que un hombre pueda ser tan gañán y tan estupefactamente aislado del mundo de las emociones, tan incapaz de sentir un mínimo de empatía por las personas que lo rodean. El personaje se queda cojo a la primera de cambio, cuando liga con la modelo cual don juan ensimismado por su belleza deslumbrante, y luego se indigna cuando, ya casi en la cama, ella dice que "no es una cualquiera" y que "le gusta sentir las cosas". La escena es escalofriante, por frívola y poco creíble, él ridiculizándola por "ñoña" e inocente, riéndose en su cara; y al día siguiente no esperándola para desayunar juntos. Qué tristeza más grande...
El caso es que el personaje de la modelo, por su parte, se las trae, porque llega a un punto de insulsez tan grande que es que casi ni habla, la pobre chica. Es el caso más flagrante de la película. Menudo esperpento de figurín, que ni sabe entonar la voz para decirle al otro que ella vale más que un peine. En realidad, tal cual la pinta el director, es un esperpéntico espíritu encerrado en un bello cuerpo que poco tiene que aportar a la historia y a su vida. Y se me ocurre pensar que ojalá no haya personajes en la vida real que la representen a ella... Un modelo de mujer de ésos que portan en sí mismas la belleza absoluta, esa belleza ideal dulce, joven y eterna, delicada, sublime, etérea, rutilante... pero que pocas veces se nos pinta como algo complementario a una personalidad, sino siempre como única y más importante (en estos personajes-maniquís). Detrás de eso, la nada. Después de negarse una vez a follar con el tío, finalmente accede a ponerse el camisón que él le ha regalado sin andarse por las ramas, y a dejarse hacer. Es realmente una tristeza, porque aunque esas situaciones ocurran en la vida real, jamás son así de simples y burdas...
Nos queda el modelo de mujer Elodie, la triunfadora compañera del trabajo de nuestro hombre, su verdadero amor, la mujer que realmente le comprende y sabe lo que quiere (menuda es ella de lista), y está ahí para darle todo el morbo y sensualidad que él necesita. Esa pareja ideal que está hecha a su medida. Que sin embargo dejó tirada por una callgirl una noche de desenfreno y descuido tontos, pero a la que en el fondo sigue queriendo (porque él es así de brutote, y hay que comprenderle). Es de esperar que sea su media naranja perfecta, desde luego, porque basta un "excuse-moi pour ce que j'ai fait" dicho de la manera más ligera y falsa posibles (casi de casualidad) al tiempo que conduce su súpercoche de puertas de alas mariposa, para que ella sonría y le acarie el pelo infantiloidemente, como en un gesto de "ay, mi tontín, si es que eres más tontín...". Vamos, otra categoría de mujer que tampoco nos es desconocida, que la hemos visto más de una vez. Ambiciosa e inteligente, sí, pero no para bien; y también débil en el momento en que él descubre que está con otro, y la espera en la cocina para cantarle las cuarenta. "¿Cómo que estás con ése? Qué fuerte me parece..." Y la otra se deja amedrentar, sin un ápice de seguridad en sí misma ni de autoridad. No es fácil que pase desapercibido el detalle maligno de ella, al final de la película, con ese "ahora le toca pagar por lo que ha hecho!", refiriéndose a la protagonista France, cuando ésta es esposada y subida al coche de policía. Menuda tipa, tremenda lagarta que no obstante sigue doblegada a su amor duro-de-pelar a pesar de todas las conneries que le ha hecho. Pues no soy yo ni ná!! Soy lista, pero eso no me sirve más que para ser maligna con otras mujeres, y no asertiva con mi propia vida y con los capullos que me cruzo.
Y nos queda la gran estrella: France, la entrañable mujer obrera que pierde su trabajo, madre no sólo de sus 3 hijas sino de todos los niños y niñas del barrio que se juntan en su casa para comer spaguetti, risueña, divertida, desenfada y honesta. Esa "anti-pretty woman" que conquista por su franqueza y su buen corazón (y que se intenta suicidar tras perder su empleo, pero que aun en tan dramático estado, sigue teniendo su buen humor y retranca característicos). Claro, el tercer cliché de mujer que nos quedaba por emular y reforzar, para que no podamos decir que no tenemos donde elegir. Un personaje más que se queda exento de toda caleidoscopiosidad realista y compleja. De nuevo, una mujer dibujada como objeto pasivo de las cosas que le pasan, ni pensar en que ella las genere o cambie. Tiene una personalidad encantadoramente arrolladora, que le lleva a cantar a grito pelao mientras plancha delante de las compañeras del curso, sin importarle lo más mínimo lo que piensen (atención: se va a buscar suerte a París, y previamente a buscar trabajo recibe una formación en "tareas del hogar" impartido por un hombre, uuuuuhhhh, súper creíble) pero luego es totalmente incapaz de negarse a cuidar del hijo del gran corredor de bolsa, cuando éste la engatusa para hacerlo. Vamos, que se deja liar como la más tolili. También es la gran consejera de éste, demostrando ser una gran conocedora de la "petite psychologie" y de los hombres, pero luego no es capaz de ver que el tío es un capullo redomado y que no tiene fuste ninguno acostarse con él ni hacerle ojitos. No, es que la mujer siempre cae, siempre cae en su romanticismo incontrolado y sus mundos emocionales... Qué poco frecuente es ver en los medios modelos de mujeres que tengan naturalizada esa asertividad, ese temple, esa seguridad en sí mismas; porque quizá sí se ven más esas mujeres que gritan y se exaltan, como si gritando reivincasen más su capacidad para que no las líen, y se diga de ellas "qué personalidad tenía, era una mujer de armas tomar". Pero qué poquitas se ven que tengan perfectamente integrada la claridad de ideas en su vida, sin grandes gestos, en lo más pequeño, frente a los micromachismos, microasertividades. Qué pocos ejemplos de mujeres que parezcan tener esa paz de espíritu de forma casi espontánea, sin artificios ni grandes elocuencias...
Francamente me he quedado decepcionada con esta película, en la que los personajes llegan a ser escandalosamente estereotipados. Si me hubiesen dicho al principio que el director había usado esto para algún fin en la historia, me lo habría creído totalmente. Pero la realidad es que se acaba la película y los estereotipos siguen ahí flagrantes, en carne viva. Menos mal que la escena final es grandiosa (esa sociedad obrera francesa, qué gusto da con ella!!).
Ay!!!!!!!!!! me ha encantado leer esto después de un finde que me han psicoanalizado como mujer! qué horror!!! ah! y lo de "no tener fuste" me han encantado tb, jeje! congrats por tu blog!muaaaa!
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